Friday, September 22, 2006

Bolivia - Argentina grandes conspiradores de Chile

Chile en la Puna de Atacama
¿Qué siniestra historia rodea este sitio geográfico, alguna vez chileno? ¿Cómo fue posible que miles y miles de kilómetros cuadrados le duraran a la posesión efectiva de nuestro país menos de diez años? ¿De qué forma pudimos perder este territorio, que fue conquistado con la sangre de cientos de chilenos, pero entregado sin disparar un tiro?
Al finalizar la Guerra del Pacífico, Chile toma posesión de todas las tierras que posteriormente Bolivia y Perú reconocen como nuestras en los Pactos de Tregua que siguieron al conflicto. Los desiertos de Atacama y Tarapacá quedan completamente bajo dominio chileno y el territorio con el que quedarán las dos naciones enemigas sería sólo aquel que determinara la generosidad y buena disposición de Chile, en cuyas manos quedaba la existencia de Perú y en parte también la de Bolivia.

Entre estos territorios por los que pelearon y murieron soldados chilenos, se encontraba la llamada Puna de Atacama, la meseta que formó parte del Collasuyo incásico; un interesante sector geográfico del altiplano, lleno de salares y geografía rocosa, situado al interior de la región de Antofagasta, cerca del Salar de Atacama. Es un área de unos 80.000 kilómetros cuadrados en forma de paralelógramo, cuya ubicación precisa se encuentra entre el volcán Licancabur, por el norte (20° y 54') hasta el Paso San Francisco (26° y 52').
El territorio pasó a control chileno con la ocupación militar de San Pedro de Atacama, en abril de 1879, desde donde se creó una delegación para la Puna. Allá sólo fueron encontrados algunos lugareños de origen indígena, menos de mil, viviendo en condiciones de vida realmente miserables.
A pesar de lo estipulado en el Pacto de Tregua de 1884, donde se reconocía la ocupación territorial y se daba pie a la cesión del mismo, Bolivia vuelve a sorprendernos con la promulgación de una ley en 1886, donde declara suyos estos sectores de la Puna de Atacama. Las presiones chilenas, sin embargo, consiguen que Bolivia firme un protocolo en Sucre, en agosto de 1887, para dejar momentáneamente detenido el problema. Pero al año siguiente, con motivo de la creación por ley de la provincia de Antofagasta, los bolivianos vuelven a reclamar, esta vez por el hecho de que se siguiera considerando como chileno este sector nortino, a pesar de que el Tratado de Tregua nos daba esa facultad irrenunciable. Es digno de destacar cómo la extrema debilidad vernácula de nuestros equipos diplomáticos, permitía con destajo a los bolivianos comportarse con la arrogancia del país vencedor y nosotros como los vencidos, al contrario de lo que resultó en la Guerra del Pacífico, que aún estaba fresca.

La conspiración argentino-boliviana

Es aquí entonces en donde se produce uno de los actos más increíbles protagonizados en la historia de la soberanía de América y quizás del mundo, cuando Bolivia, acostumbrada a la intriga y a los pactos secretos, negocia con Argentina un golpe bajo para Chile y, en prueba de la cultura, espíritu soberano y dignidad, le regalan la Puna de Atacama a Argentina esperando con ello desatar una guerra con Chile y recuperar parte de los territorios que reclamaban con anterioridad a la Guerra del Pacífico. Puede que Argentina (que se había aprovechado hacía pocos años de la situación bélica en que estaba Chile para rapiñarnos la Patagonia fácilmente, ante el temor de nuestras autoridades ha tener dos frentes de guerra) haya visto en esta situación una buena excusa para enfrentarse con Chile, como lo venían proponiendo los traidores "americanistas" de Sarmiento y Mitre.
Así, el día 10 de mayo de 1889, la Puna de Atacama de Chile es regalada por papeleo boliviano a Argentina a cambio de la renuncia de las pretensiones trasandinas en Tarija, y se inicia de inmediato un nuevo foco de tensión, mientras los bolivianos se sobaban las manos. El reconocimiento de la soberanía argentina en la zona es formalizado por Bolivia en marzo de 1893. Todo esto ocurría con las tropos chilenas en plena ocupación aún del territorio.
Las circunstancias obligaron a Bolivia a ratificar su regalo en diciembre de 1895, a raíz de las exigencias argentinas sobre los nuevos acuerdos de paz que los bolivianos proponían a Chile, aunque con tantas condiciones que quedó sin ser ratificado. Argentina había tomado gradualmente el timón del asunto y, aunque los territorios desérticos de Atacama les fueran inútiles a su centralismo, la oportunidad de adicionarse un nuevo trozo de suelo no fue desperdiciada.
El canciller chileno de esos días, don Luis Barros Borgoño, presionó a su colega boliviano a definirse en relación al asunto de la Puna y del acuerdo de Sucre, a lo que Bolivia respondió evasivamente, admitiendo el regalo a Argentina de 1893, pero agregando que la demarcación final debía quedar en manos de peritos, según el acuerdo. ¿De qué manera podrá ser explicada hoy -y con qué maquillajes- en las escuelas de los niños Bolivia, esta vulgar entrega gratuita de 80.000 kilómetros cuadrados de territorio supuestamente suyo?

Al borde de una nueva guerra:actitud delirante de La Moneda

La polémica se trasladó ahora entre Chile y Argentina. Bolivia se lavó las manos a la espera de los sucesos. Argentina no tenía ninguna disposición para arreglar el asunto y, como es costumbre, desarrollaron allá una fuerte campaña patriotera antichilena, reclamando "atropellos a la soberanía" y "derechos históricos" sobre un territorio vulgarmente regalado (Deja vú!... ¿Esto le suena a usted conocido? Es la estrategia utilizada en todas las demás entregas de territorio, incluyendo los circos de Laguna del Desierto y Campo de Hielo Sur, en la actualidad).
El Presidente Jorge Montt llegó a evaluar la posibilidad de renunciar a la Puna de Atacama por mantener la paz. El perito Barros Arana, en cambio, veía con pesimismo el riesgo de someter a arbitraje internacional estos terrenos. Sólo la insistencia de unos pocos hombres logró mantener el convencimiento y la voluntad de defender la Puna, tocando las fibras sensibles de los patriotas. Argentina, en tanto, se armaba y avanzó hacia la frontera veladamente, noticia que alertó a los chilenos volviendo a acercarse ambos pueblos a un peligro de guerra, quizás mayor que el de 1881, cuando Argentina exigió la entrega de la Patagonia.
El siguiente mandatario chileno, don Federico Errázuriz Echaurren, borracho de pacifismo y americanismo, optó por desviar el conflicto tomando la vía del arbitraje y, aunque los argentinos se resistían a esta alternativa decididos a una agresión, nuestras autoridades lograron convencerlos. Estaba escrito, sin embargo, que esta alternativa iba a ser un fracaso absoluto para nuestros intereses.


Un arbitraje "a la medida"del interés platense

Al no llegar a un acuerdo rápido las autoridades chilenas y argentinas, se solicitó la decisión del Ministro de los Estados Unidos, William J. Buchanan, para que, con un delegado de cada nación en disputa, resolviera el conflicto. En un increíble acto de inconciencia e ingenuidad política de nuestras autoridades, que bordea los límites de la normalidad intelectual, se restó importancia al hecho de que Buchanan, propuesto por los propios argentinos, era representante de los Estados Unidos en la Argentina, donde llevaba varios años de residencia, siendo un gran amigo reconocido de la nación trasandina, a parte de sus compromisos adicionales en ella. El representante chileno en las exposiciones del arbitraje era don Enrique Mac-Iver, y el argentino José E. Uriburu.
Durante todo el proceso, el árbitro norteamericano no hizo otra cosa que rechazar majaderamente los argumentos chilenos. Como era de esperar, la influencia argentina fue mayor y Buchanan resolvió dejarla mayor parte de este territorio a Argentina, delimitando la frontera con esa extraña forma recta que hoy presenta en la región. 20.000 kilómetros cuadrados de la Puna permanecerían en Chile. El resto de los 80.000 quedaban en Argentina, demostrando que Buchanan no reparó en derechos de una u otra nación sobre la zona, sino que intentó una repartición que consideró justa, o al menos proporcional al nivel de griterío que cada país emitía.
Fue así como una seguidilla de errores, traiciones y pecados de ingenuidad de nuestras autoridades, confiando siempre en la buena fue del otro (incluso del enemigo) nos llevaron a perder por culpa de la clase política chilena este sector de incalculable valor cultural, natural y soberano, la Puna de Atacama, en el Arbitraje de 1899.
Recopilación : Cristian Medina
Base : Historia Chile Limitrofe

Thursday, September 14, 2006

Los Cuatro Huasos

Abran Quincha, abran cancha…


La figura del huaso, como principal representante de la música tradicional chilena, tiene dos grupos emblemáticos: Los Cuatro Huasos, como precursores, y Los Huasos Quincheros. Los Cuatro Huasos fue uno de los conjuntos más importantes en la historia de la música en Chile. Se fundó el año 1927, en Santiago, y sus integrantes originales fueron: Jorge Bernales, Fernando Donoso, Raúl Velasco y Eugenio Vidal. Su primera presentación se realizó en el Teatro Victoria el 12 de julio de 1927, en una función a beneficio de la Primera Compañía de Bomberos de Santiago. Su nombre, entonces, fue Cuarteto Criollo Chileno. Posteriormente, a sugerencia del empresario Valenzuela Basterrica, cambiaron su nombre por el que los haría famosos. Con un repertorio constituido por obras de compositores chilenos, como Osmán Pérez Freire, esta agrupación realizó giras por todo Chile, transformándose en el principal conjunto intérprete de música típica. Incluso viajaron a otros países del continente, como Argentina, Uruguay y Perú, dando a conocer nuestra tradición. El año 1931 grabaron para RCA Víctor la tonada “Abran quincha, abran cancha”, tema que, con el pasar de los años, se transformaría en un clásico de la música popular chilena. El año siguiente realizaron una renombrada presentación en el Teatro Municipal de Santiago y luego, en 1933, partieron en gira por la costa del Pacífico que los condujo hasta México, donde lograron considerable éxito. Ese mismo año el grupo entró en una fase de transición. En 1935 aparecieron con el nombre de Los Huasos de Ahumada y en 1937 se presentaron, en radio Cooperativa, como Los Tres y sus Guitarras, y como Los Huasos. En 1937 se anunció su regreso como Los Cuatro Huasos, iniciando así una nueva etapa. A los integrantes originales, Jorge Bernales y Fernando Donoso, se les unieron Carlos Mondaca y Aníbal Ortúzar. En julio de 1939 fueron contratados por el Waldorf Astoria, en Estados Unidos, donde también actuaron en la cadena radial CBS y en el pabellón chileno de la Exposición Mundial de Nueva York. Fue la primera vez que un grupo de música tradicional chilena, se presentaba en el país del norte. A su vuelta a Chile, Donoso fue reemplazado por Fernando Silva. Durante la década de 1940 realizaron presentaciones en radio Minería, y entre 1950 y 1952, nuevamente en radio Agricultura. Compositores como Nicanor Molinare y Clara Solovera, tuvieron en esta agrupación y en los Quincheros, a sus principales intérpretes. Lamentablemente para la música chilena, el año 1956 el grupo anunció su retiro definitivo, pasando a formar parte de los clásicos de la música popular chilena. La estilización de la figura del huaso y de la música folclórica, en gran parte se debe a este conjunto. En el sentido estrictamente musical, marcaron una pauta al presentar arreglos a cuatro voces y tres guitarras. Pero no sólo eso. Si bien su repertorio original incluía básicamente tonadas y cuecas, también interpretaban tangos, yaravíes, pasillos, canciones mexicanas, corridos, boleros y música europea y estadounidense. En todo esto incorporaban a su música el acompañamiento en piano, principalmente a cargo del maestro Eugenio Vidal. Entre sus interpretaciones más destacadas se pueden mencionar, además de la ya citada, “Ay agüita de mi tierra”, “Así es mi suerte”, “El tortillero”, “El martirio” y “Bajando pá Puerto Aysen”.

Fuente: Memoriahistorica

Breve Historia del Trasandino 1910

El Ferrocarril Trasandino, que unia los Andes con Mendoza, fue durante un siglo
el prin.
cipal medio de transporte entre ambas naciones, por lo que constituye en
un emblema para los partidarios de la integración. Además de una de las mayores
obras de ingenieria de su tiempo


El desaparecido Ferrocarril Trasandino fue inaugurado en 1910 gracias a la iniciativa de los hermanos Clark, que iniciaron las obras con el fin de dar una salida hacia Argentina desde el puerto el Valparaiso. Debido a lo difícil del terreno, debieron utilizarse tecnologías de punta para la época. Entre otras muchas cosas, fue necesario instalar cremallera, especie de dentadura instalada en los durmientes para mejorar la adehesión del tren en la inclinada pendiente, durmientes de acero, para resistir la tracción de las locomotoras sobre la cremallera, además de construir numerosos túneles y cobertizos para proteger la via de las avalanchas de nieve y piedras. El ferrocarril funcionó con locomotoras a vapor hasta los años 40, cuando fue electrificado el trazado.

A través del cajón del río Aconcagua y Juncal el tren subia hasta Las Cuevas, donde se encontraba el túnel principal que cruzaba hasta Argentina. Su construcción significó un gigantesco esfuerzo de la ingeniería, las finanzas y la diplomacia, necesaria para involucrar a dos países aún en litigio por la definición de sus fronteras. Las inesperadas y tempestuosas crecidas de los rios provocaron varios cortes en su trazado. El último, ocurrido a mitad de los años 80 acabó con el interés tanto de Chile como de Argentina por reconstruir la via.

Si bien prácticamente todo el tendido de montaña se encuentra abandonado y destruido por las avalanchas y los cursos de agua, aun se conserva en operaciones el tramo más bajo de dicho trazado y que va desde la ciudad de Los Andes hasta la localidad de Río Blanco. Allí el ferrocarril, luego de ganar altura a través de una "Z", llega hasta las instalaciones de la mina de cobre de Saladillo, perteneciente a Codelco. Desde este lugar recoge el concentrado de cobre en polvo y lo transporta en contenedores en forma de "olla" hasta la ciudad de Los Andes donde una grúa realiza el transbordo de los contenedores a otro tren de trocha ancha, para luego seguir camino hasta la fundición de Ventanas, ubicada en la costa de la quinta región.Actualmente existe un proyecto, impulsado por una empresa argentina que propone reconstruir el Trasandino contando ya con el apoyo de los gobiernos chileno y argentino, ya que su ubicación lo convierte en el eje de un corredor bioceanico que podría traer grandes beneficios a ambas naciones, además de duplicar la capacidad de transporte de carga entre Los Andes y Mendoza, que hoy se realiza en camiones.

Estación Central (1907) Vagón de madera.
***Fotos : Archivo FFEE
***Textos: Compilación Historia del Ferrocarril.